La Revolución Feminista Permanente Los derechos de las mujeres no están consolidados ni en las sociedades más avanzadas a pesar de los logros de los últimos siglos y, sobre todo, en el siglo XX. Además, debe tenerse en cuenta que en los 25 años que llevamos del siglo XXI se han reforzado quienes quieren quitar los derechos ganados con tanto esfuerzo por la lucha feminista.
La situación es sin duda preocupante, es un intento de marcha atrás que no se puede minusvalorar. Recordemos que las monarquías absolutas, católicas y protestantes, no admitieron para la mujer ninguna igualdad, consideraban conforme a la naturaleza su papel subalterno.
Pero tampoco la Ilustración ni la Revolución francesa reconocieron los derechos de las mujeres, a pesar del esfuerzo de algunos de sus principales pensadores.
El cierre de los clubes de ciudadanas que tanto hicieron por la Revolución francesa fue un ejemplo evidente de que lo femenino quedaba lejos de las Luces de la Ilustración y de los logros de la Revolución.
Continuó predominando la idea judeo-cristiana de la “diferencia” sustancial entre hombres y mujeres para apartar a éstas de la vida pública.
Condorcet afirmaba que una constitución no es republicana si excluye a las mujeres del derecho de ciudadanía pues los fundamentos de una república exigen la participación de todos.
Diderot consideraba necesario cambiar las leyes para terminar con la situación precaria de la mujer. También algunas mujeres exigieron la igualdad en aquella época, como Marie-Madeleine Jodin actriz francesa del siglo XVIII, amiga de Diderot y una de las primeras mujeres reivindicativas, que afirmaba que su sexo también podía reclamar el honor e incluso el derecho a concurrir a la prosperidad pública pues ellas eran ciudadanas.
En 1791 Olympe de Gouges publicó su “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”, documento que defendía que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. En el siglo XX muchas fueron las mujeres que lucharon por sus derechos, pero tenemos que limitarnos a hacer mención de algunas de ellas.
Aleksandra Mijáilovna Kolontái fue la primera mujer de la historia en estar al frente de un ministerio en el Gobierno de una nación.
Como Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, en el primer Gobierno de Lenin, impulsó en Rusia los derechos y libertades de las mujeres, derogando o modificando leyes que hacían a la mujer ciudadana de segunda. Consiguió que por primera vez se utilizara en las normas la referencia femenina con la masculina: por ejemplo, la actual costumbre de utilizar la expresión “compañeros y compañeras” y no sólo “compañeros” tiene su origen en Kolontái.
En 1918, Kolontái fue una de las organizadoras del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras del que surgió el Departamento de la Mujer, un organismo que alfabetizó a millones de mujeres y que promovió la participación de las mujeres en la vida pública. La Revolución Soviética internamente realizó campañas de información para dar a conocer a las mujeres sus nuevos derechos e internacionalmente fue ejemplo de igualdad entre los sexos aprobando el divorcio, el aborto, los salarios de maternidad o las guarderías para niños. En España, Clara Campoamor, diputada durante la II República y que como jurista formó parte del equipo que redactó la Constitución de 1931, lideró en el movimiento feminista que consiguió que se reconocieran derechos como el sufragio femenino, la no discriminación por sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio y el divorcio. Tras la Guerra Civil tuvo que exiliarse y con ella todos esos derechos, que no retornaron hasta que volvió la democracia en 1978.
En la segunda mitad del siglo XX debe destacarse a Simone de Beauvoir, intelectual y cabeza visible del feminismo francés, que proclamaba que la mujer no nace, sino que se hace, rechazando las supuestas “diferencias” invariables y universales entre lo masculino y lo femenino.
Sin embargo, una parte de la corriente feminista francesa del movimiento de mayo del 68, continuó en la tradición del feminismo de la “diferencia” pues entendía, con una probable influencia del psicoanálisis lacaniano, que negar una particular sexualidad femenina suponía aceptar la represora cultura patriarcal, es decir, denunciaban que el feminismo de Simone de Beauvoir proponía objetivos masculinos a las mujeres.
En 1929 León Trotski afirmaba en su obra “La revolución permanente” que la revolución socialista debía estar dirigida por el proletariado y tener carácter internacional de forma permanente; sólo así podrá triunfar. Todavía los derechos de las mujeres no están consolidados ni siquiera en las sociedades más avanzadas política y culturalmente. Por ello, podemos también afirmar que es necesario para su consolidación que el movimiento feminista sea internacional y permanente.
José Antonio García Regueiro Presidente de Arco Europeo Progresista y de su Capítulo Jurídico Constitucional ArcoHagion. Ex Letrado del Tribunal Constitucional.





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